Si alguien pregunta dónde está la sinagoga de Sevilla, no hay una respuesta simple. No hay ninguna en pie. Hubo tres —y estuvo a punto de haber una cuarta—, y las tres son hoy iglesias católicas. Lo llamativo es que ninguna nació siendo sinagoga: las tres fueron antes mezquitas. Tres edificios que cambiaron de religión dos veces en siglo y medio, y cuya historia se puede reconstruir casi entera con documentos.

1248: tres mezquitas para la aljama

Fernando III toma Sevilla en 1248 y su hijo Alfonso X reparte la ciudad. En ese Repartimiento los oficiales judíos de la corte —recaudadores, juristas, médicos, escribanos— reciben casas y huertas, y la aljama recibe **tres mezquitas para convertirlas en sinagogas**, en lo que hoy son Santa Cruz y San Bartolomé. No es una concesión menor: es el acto fundacional de la judería. Antes de esa fecha no hay constancia de un barrio judío propio en la ciudad, como contamos en qué queda del barrio de Santa Cruz.

Santa María la Blanca — la única con restos

Es la que todo el mundo visita, y con razón: es **la única sinagoga sevillana de la que quedan restos conservados**. El edificio actual es barroco por dentro —yeserías espectaculares del siglo XVII— pero la planta y algunos elementos vienen de antes. Justo enfrente estaban las tiendas que Alfonso X donó al rabino Yuçaf Cabaçay, y que el propio documento describe como las que ya existían «en tiempos de los moros»: es decir, este punto exacto era vida judía antes y después de la conquista.

San Bartolomé — la otra mitad del barrio

La judería no era solo Santa Cruz. San Bartolomé era la otra mitad, y allí estaba la segunda sinagoga. Es la parte del barrio que el turismo pasa por alto: menos naranjos, menos postales, más casas. Precisamente por eso conserva mejor la escala de calle de aquel mundo —callejones estrechos, patios, esquinas cerradas—, aunque de la sinagoga misma no queden restos identificables.

Santa Cruz — la sinagoga mayor, y la plaza que la borró

La tercera daba nombre a la collación y era la sinagoga mayor. Estaba donde hoy está la plaza de Santa Cruz —esa plaza cuadrada con la Cruz de la Cerrajería en el centro, una de las estampas más reproducidas de Sevilla—. La ironía es completa: el barrio entero se llama como aquel edificio, y del edificio no queda nada, porque el espacio abierto que hoy admiramos se hizo derribándolo. Se está literalmente de pie sobre el sitio, sin nada que lo diga.

La cuarta sinagoga que pidió un rey

A mediados del siglo XIV la comunidad había crecido tanto que **Alfonso XI pidió al papa autorización para rezar en una cuarta sinagoga**, alegando la gran población judía llegada con la conquista. Es un detalle que dice más que cualquier estadística: un rey castellano gestionando ante Roma el permiso para que sus súbditos judíos tuvieran otro templo. Ese siglo XIV es el techo de la judería sevillana. Cuarenta años después empezaría a desmontarse.

1391: el año en que dejaron de ser sinagogas

Tras años de predicación del arcediano Ferrán Martínez, el asalto de 1391 deshizo la comunidad: familias enteras murieron, emigraron o se bautizaron. Las sinagogas pasaron a ser iglesias, y con ellas se cerró el ciclo: mezquita, sinagoga, iglesia. La historia completa de aquel año está en 1391: el año que cambió la judería. Lo que quedó de aquel mundo —los documentos, los oficios, los nombres— se reúne en la sala Vida en la judería del museo virtual.